08 diciembre 2011

LA INMACULADA CONCEPCIÓN




La definición dogmática de la Inmaculada

 El Papa Pío IX, de feliz memoria, se decidió a dar el último paso para la suprema exaltación de la Virgen, definiendo el dogma de su Concepción Inmaculada. Dícese que en las tristísimas circunstancias por las que atravesaba la Iglesia, en un día de gran abatimiento, el Pontífice decía al Cardenal Lambruschini: «No le encuentro solución humana a esta situación». Y el Cardenal le respondió: «Pues busquemos una solución divina. Defina S. S. el dogma de la Inmaculada Concepción».

Mas para dar este paso, el Pontífice quería conocer la opinión y parecer de todos los Obispos, pero al mismo tiempo le parecía imposible reunir un Concilio para la consulta. La Providencia le salió al paso con la solución. Una solución sencilla, pero eficaz y definitiva. San Leonardo de Porto Maurizio había escrito una carta al Papa Benedicto XIV, insinuándole que podía conocerse la opinión del episcopado consultándolo por correspondencia epistolar... La carta de San Leonardo fue descubierta en las circunstancias en que Pío IX trataba de solucionar el problema, y fue, como el huevo de Colón, perdónese la frase, que hizo exclamar al Papa: «Solucionado». Al poco tiempo conoció el parecer de toda la jerarquía. Por cierto que un obispo de Hispanoamérica pudo responderle: «Los americanos, con la fe católica, hemos recibido la creencia en la preservación de María». Hermosa alabanza a la acción y celo de nuestra Patria.
 Y el día 8 de diciembre de 1854, rodeado de la solemne corona de 92 Obispos, 54 Arzobispos, 43 Cardenales y de una multitud ingentísima de pueblo, definía como dogma de fe el gran privilegio de la Virgen:

«La doctrina que enseña que la bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original en el primer instante de su Concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, es revelada por Dios, y por lo mismo debe creerse firme y constantemente por todos los fieles».

Estas palabras, al parecer tan sencillas y simples, están seleccionadas una por una y tienen resonancia de siglos. Son eco, autorizado y definitivo, de la voz solista que cantaba el común sentir de la Iglesia entre el fragor de las disputas de los teólogos de la Edad Media.

Beato Juan Duns Escoto (1265-1308)

Nació en la ciudad de Duns (Escocia), en torno al año 1265. Su familia estaba muy vinculada con los hijos de San Francisco de Asís, los cuales, imitando a los primeros predicadores del Evangelio, habían llegado a Escocia desde los albores de la Orden. Hacia el año 1280 Juan Duns Escoto fue acogido en la Orden de los Frailes Menores por su tío paterno, fray Elías Duns, que era el vicario de la Vicaría de Escocia, que acababa de fundarse.
Poseía una inteligencia viva y aguda. Recibió la ordenación sacerdotal el 17 de marzo de 1291. Fue enviado a París para completar sus estudios. Dadas sus eximias virtudes sacerdotales, le fue encomendado el ministerio de confesor, tarea entonces de gran prestigio. Obtuvo los grados académicos en la Universidad de París y comenzó su enseñanza universitaria, que prosiguió en Cambridge, Oxford y Colonia. Fiel a la enseñanza de San Francisco, que en su Regla (Rb 12) prescribe a sus frailes que sean plenamente obedientes al Vicario de Cristo y a su Iglesia, rehusó firmar el libelo de Felipe IV, rey de Francia, contra el Papa Bonifacio VIII. Por ese motivo fue expulsado de París. Sin embargo, al año siguiente pudo volver y reanudar la enseñanza filosófica y teológica. Después fue enviado a Colonia. El 8 de noviembre de 1308 murió repentinamente; en ese tiempo estaba dedicado a la vida regular y a la predicación de la fe católica.


La disputa sobre la Inmaculada Concepción

Durante la tercera estancia de Duns Escoto en París (1304-1307) hemos de situar la famosa disputa sobre la Inmaculada Concepción. Y quizás nuestro Beato sea más conocido por esta doctrina que por otras, dado que él comenzó una controversia que se prolongó a lo largo de varios siglos. La cuestión era ésta: si la Madre de Dios tuvo el pecado original y luego fue purificada del mismo, o si fue desde el principio pura y sin mancha, es decir, «concebida inmaculada». La corriente general (con San Bernardo, Santo Tomás y San Buenaventura) decía que fue purificada del pecado original después de haberlo contraído; Duns Escoto era heredero de una larga tradición inglesa que defendía la Inmaculada Concepción.
Esta disputa está envuelta en muchos datos problemáticos. No obstante, podemos aceptarla como un hecho histórico, especialmente después de los valiosos descubrimientos del padre Carlos Balic, gran escotista, consistentes en dos preciosos manuscritos que confirman un relato de Landulfo Caracciolo, insigne alumno de Duns Escoto.21
Luego, a lo largo del tiempo se fue adornando con elementos legendarios la esencia de esta disputa. Suele decirse con frecuencia que, de camino hacia la Universidad, el Beato Duns Escoto encontró una estatua de la Virgen y que rezó ante ella de esta manera: Dignare me laudare te, Virgo sacrata; da mihi virtutem contra hostes tuos, «Te alabaré, oh Virgen sacrosanta; dame valor contra tus enemigos». La leyenda añade que la Virgen, ante la súplica de su hijo, se inclinó para darle ánimo. Se cuenta que, ya metido en la disputa, Escoto escuchó doscientos argumentos contra la doctrina de la Inmaculada, argumentos que él repitió de memoria y en el mismo orden en que se habían aducido, refutando con maestría todas las objeciones expuestas, y que los adversarios se convencieron. Se ha subrayado, a este respecto, su humildad y su modestia, ya que Duns Escoto buscaba siempre la verdad, y refutaba las opiniones contrarias sin ofender a nadie y sin mentar siquiera por su nombre a los adversarios ausentes.
Después de la disputa, Escoto fue llamado Doctor sutil, y se dice que los primeros en ello serían los dos delegados del Papa que habrían participado en la sesión universitaria, cosa que es del todo incierta. También fue llamadoDoctor mariano, cosa que ciertamente le agradaría más. En suma, luchó por el honor de la Madre de Dios como más tarde lo harían sus sucesores en una controversia sin tregua. Con razón el francés Felipe Labbé le llama «Mártir de la Virgen inmaculadamente concebida, haciendo referencia a los méritos contraídos por él en vida y a las calumnias de que fue objeto después de su muerte».22
Poco a poco la doctrina sobre la Inmaculada Concepción se fue abriendo paso. Más tarde, la Universidad de París exigía de los estudiantes y doctorandos el reconocimiento de la misma. Y esto parece un buen testimonio indirecto de la disputa, como un eco de la misma.
Probablemente, la disputa no fue tan solemne como a veces se dice, pero hay que contar con la leyenda que no ha cesado de crecer después. Sin embargo, la doctrina de Duns Escoto fue como un fermento constante que, mantenido por sus seguidores, perduró hasta la proclamación solemne del dogma de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX.

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