«aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

08 enero 2017

EL BAUTISMO DEL SEÑOR


Este domingo es un domingo gozoso. La Navidad no puede concluir mejor, ¡Que sabiduría la de nuestra madre la Iglesia! Podíamos preguntarnos: En la Navidad hemos celebrado el gozoso nacimiento del Señor, pero ahora ¿qué me toca, que recibo, que vivo?

Y desde dentro se nos da la respuesta, como  a Jesús, durante 30 años en su vida oculta, pudo intuir su misión, su destino, pero en este momento recibe la misión:
Su identidad: “Este es mi Hijo el amado, mi predilecto” Jesús en este momento se pone en marcha, para ver por donde el Padre quiere que camine, desde este momento Jesús ha recibido su identidad más sublime y absoluta es el Hijo Amado y su vida, su misión se realiza en obediencia.

Pero es que este Bautismo es  el que todos nosotros un día recibimos nuestra identidad, somos hijos de Dios, nuestra identidad es ser hijos de Dios, y nuestra misión en obediencia es atraer a todos los hijos de Dios para que tomen conciencia de quienes son, de su más alta dignidad, ser hijos de Dios amados y salvados gratuitamente por gracia.

No estoy perdida, mi vida tiene un sentido soy hija, desde el momento de mi bautismo nací a la vida nueva en Cristo, y ya no moriré soy hija de Dios desde ese momento. ¡Que gozada! ¡Somos del Señor!

Anunciemos, proclamemos y pidamos al Espíritu Santo que atraiga por medio de nosotros a todos sus hijos a esta vida nueva en Cristo.

Pidamos hoy al Señor por todos aquellos que no han experimentado su identidad como hijos de Dios aunque fueron bautizados para que puedan crecer desde la fe y vivir con la dignidad de los hijos de Dios.

Oración: Dios todopoderoso y eterno, que en el bautismo de Cristo, en el Jordán, quisiste revelar solemnemente que él era tu Hijo amado enviándole tu Espíritu Santo, concede a tus hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo, perseverar siempre en tu benevolencia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

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