¡HA RESUCITADO, ALELUYA!

19 febrero 2017

DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO



Las lecturas de este domingo nos hacen sorprendernos con la intención de nuestro Dios.

¿Qué dices Señor? ¿Qué amemos a nuestros enemigos? ¿Que acojamos a todo el que nos cae mal?,¿ eso como se hace?.

Para un cristiano es muy difícil, este precepto del Señor, pero sabe que esto solo es posible desde el amor, pero cuidado no cualquier amor, no de una afectividad que  se queda en la superficie, sino del Amor que viene de la fuente del mismo Dios.

Hemos sido hechos a su imagen y semejanza, y el proyecto de El para nuestro corazón es: “sed perfectos como vuestro Padre es perfecto”.

Un creyente no puede quedarse nunca  a la mitad, no puede decir hasta aquí he llegado, un creyente tiene en su corazón el Más de Dios, el más de Dios que está por encima de donde llegan nuestros límites humanos. La fe en Dios y su gracia son las que hacen posible un nuevo nacimiento en el que experimentamos, si Dios lo quiere, que de nosotros surge un amor y una compasión, incluso a nuestros enemigos, porque para Dios nada hay imposible,.

A nosotros nos toca la práctica del amor, es decir no cerrar nunca las  puertas al amor, aunque nos hayan hecho daño, no dejemos de amar, amar sin cansarnos, como podamos, al final lo que triunfa es el amor pero el amor gratuito como el de Dios Padre que nos entrega a su propio Hijo sin nosotros merecerlo y por esa misma entrega nos salvó y nos hizo hijos suyos, y receptores del don más grande que podemos imaginarnos el mismo Dios en nuestra vida.

Que no dejemos de amar, de  escuchar nuestro corazón que es creado a imagen y semejanza de Dios y que está llamado al amor, esto es lo que sostiene el mundo: el Amor.

Pedimos por todos los que en nuestra vida nos han hecho alguna vez daño, para que nuestro corazón se abra al amor hacia ellos o al menos al respeto y a no querer el mal para ellos.

Oramos: Dios todopoderoso y eterno, concede a tu pueblo que la meditación asidua de tu doctrina le enseñe a cumplir, de palabra y de obra, lo que a ti te complace. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

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