30 abril 2017

DOMINGO III DE PASCUA


LITURGIA DE LA PALABRA

La Iglesia hoy nos regala un texto magistral para nuestra fe. Jesús camina siempre con nosotros nos acompaña en el camino de la vida, pero somos necios y torpes para entender y por eso andamos tristes, como estos discípulos, Jesús nos muestra de que manera podemos percibir su presencia inmediata a través de dos mediaciones prioritarias: La Palabra y la Eucaristía.
Dios se pone a nuestra altura utiliza mediaciones que son  accesibles a nosotros, eso si contando con el realismo de la fe, porque necesito creer ,esperar y amar, es decir que  en aquel momento en el que Jesús les explica la escritura también reciben el don de que ellos podían ver a Jesús resucitado porque ardían sus corazones, y además podían ver al mismo Señor cuando El partía el pan para ellos.

El Señor ha resucitado, pero tenemos que permanecer con El, en sus cosas, en su Iglesia, acoger su Palabra y celebrar la Eucaristía, hacer todo esto nuestro: es Palabra para nosotros, la Biblia es la Palabra de Dios para nosotros, y la Eucaristía es el don más grande que el Señor nos ha hecho, ¡poder comer su carne y beber su sangre!, tal y como suena, es difícil de creer pero el Señor nos lo pide: “¡creed en mí y tendréis vida abundante!”,  y en este creer no nos deja solos, como los discípulos de Emaús, tenemos que caminar junto a El , y decirle nuestras dificultades para creer, para caminar, El poco a poco nos abrirá el corazón y cada día nos encontraremos que podemos ver al Señor en más lugares.

Esta semana podíamos proponernos verlo en aquellos lugares o personas que nos resulta difícil, ¿cómo va a estar el Señor en esa persona que me cae tan mal, o en esta situación que me está haciendo pasarlo mal?,  vamos a caminar con El y ya verás cómo podemos verlo a nuestro lado.

Oramos en este día por los cristianos de Egipto para que el viaje del Papa Francisco los fortalezca y de frutos de Paz y bien en las personas de  aquel país.

Oramos: Que tu pueblo, Señor, exulte siempre al verse renovado y rejuvenecido en el espíritu, y que la alegría de haber recobrado la adopción filial afiance su esperanza de resucitar gloriosamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.


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