28 mayo 2017

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR


LITURGIA DE LA PALABRA


Celebrarnos en este domingo el acontecimiento en el que Jesús asciende al cielo, después de haber resucitado y haberse aparecido a sus discípulos y discípulas durante cuarenta días. Comparto lo que en este día resuena dentro de mí:

Es un gozo infinito que no se puede explicar con palabras, es algo que no se puede entender porque es misterio, solo somos capaces de vivirlo desde la fe, por eso hago eco de las Palabras de S. Pablo:
Que Dios “os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de vuestro corazón para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama,” estas palabras, ya me indican la grandeza, la plenitud, el más, al que está llamado el creyente.

Y ¿qué hacer? seria la pregunta, pues la respuesta es clara: Creer,  aunque tenga un 1% de fe, y acceder a Dios con las mediaciones que él nos regala por medio de su Iglesia: la Palabra, los sacramentos, la oración, el pobre. 
Esta es la realidad que hoy celebramos: El Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, creador y salvador  que nos da su propia vida divina eleva al hombre desde su condición de  creatura pecadora la comunión de vida eterna, y mi vida como creyente, ha de ser vida de un resucitado a la vida nueva de Dios.

Es verdad que hoy también la Palabra me envía “Id a hacer discípulos de todos los pueblo hasta los confines de la tierra”, mensaje universal no para unos pocos, sino para todo ser humano, todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, la persona humana ha sido creada como apertura trascendental a la Palabra, de tal modo que cuando escucha y cree y ve la realidad a la luz de la fe descubre la verdad del mundo y de si mismo.

El anuncio de esta Buena Noticia es para toda persona humana, que es digna de Dios, porque El así lo ha querido.

Pedimos hoy por todos los que han sido víctimas en esta semana de los diferentes atentados terroristas, y pedimos que todos los que ahora viven en la tristeza y en el terror ocasionado por estos acontecimientos puedan seguir viendo un horizonte lleno de esperanza.

Oremos: Concédenos, Dios todopoderoso, exultar de gozo y darte gracias en esta liturgia de alabanza, porque la ascensión de Jesucristo, tu Hijo, es ya nuestra victoria y donde nos ha precedido él que es nuestra cabeza, esperamos llegar también nosotros como miembros de su cuerpo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

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