09 julio 2017

DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO



Este domingo tuvimos una experiencia preciosa en nuestra celebración de la Eucaristía, las personas que vinieron a celebrar con nosotras,  se acercaban a decirnos, entre ellos uno de nuestros hermanos del pueblo, pobre y limitado físicamente, que con lágrimas en los ojos nos decía: “¿Qué pasa hoy que habéis cantado tan bonito? Nos habéis hecho sentir una alegría”.

Pero ¡cómo no íbamos a cantar así, este domingo!,  nos hemos unido a Jesús para bendecir a Dios Padre, “Te bendecimos Padre Dios del cielo y la tierra lo escondido a los sabios a los pobres revelas”. Sí nos hemos unido a él y hemos gozado con él, porque nos experimentamos pobres, necesitadas y agradecidas al cien por cien de todo cuanto el Dador de todo bien hace por nosotros, y las personas que estaban con nosotras, especialmente los más pobres, dentro de ellos experimentaban también ese agradecimiento.

Es tan grande Dios, es tan grande su don para nosotros, su propio Hijo, que es nuestro regalo, nuestra alegría, es tan hermoso mirar la vida desde su corazón, experimentar a todos como hermanos, experimentar que somos amados y que somos hijos suyos, es una locura de amor verle, en una cruz, en un pesebre, en una pequeña forma de pan, es decir desde la humildad y desde la pequeñez y descendiendo a nuestros corazones duros llenándonos de su ternura y enseñándonos que el camino no es el poder sino la cercanía, la ternura, el cariño  de unos para con otros, pues todos somos pobres, aunque algunos no se lo crean.

Vamos en esta semana  a “intentar descubrir con ojos nuevos cómo en lo pequeño de tu vida, cargada de menudencias y limitaciones, se revela el Padre que se complace en los pequeños, y Jesús, que te llama a descansar en El. Comienza por no soñar en una vida distinta, por asumir tu realidad limitada. No tengas miedo a ser pequeño con Dios, a descansar en El tus agobios. ¡Somos tan ridículos que pretendemos ser importantes con Dios! ¡Con lo dulce que es dejarse querer y acariciar por su misericordia infinita! Él te enseñará a ser manso contigo mismo, a no crisparte cuando no se realizan tus deseos, a comprender que las relaciones sociales necesitan, sobre todo, ese plus de ternura y comprensión que cada día es más escaso, a ser fuerte sin violencia, a no escandalizarte del pecado ajeno ni del propio, a guardar el amor cada día como un tesoro frágil y precioso”.

Pedimos hoy por los que han hecho del poder su forma de vida para que la vida les enseñe a encontrar en su corazón aquello para lo que están llamados: ser hermanos de todas las personas y así poder servirlas desde la minoridad.

Oremos: Oh Dios, que por medio de la humillación de tu Hijo levantaste a la humanidad caída, concede a tus fieles la verdadera alegría, para que quienes han sido librados de la esclavitud del pecado alcancen también la felicidad eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

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