27 agosto 2017

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO



Y vosotros ¿quién decís que soy yo? Que cercanía y que humanidad la de Jesús. Estos son momentos difíciles de su vida en los que siente el rechazo del pueblo de Israel, de las autoridades, el no ser entendido ni siquiera por los suyos. Momentos en el que Jesús, pregunta a los suyos, Y para vosotros que significa, quien soy. Había tanta confusión, que El mismo necesitó hacer esa pregunta.

Clarifiquémonos, quien es Jesús para nosotros, podemos decir que es el Hijo de Dios, o sigue siendo para nosotros una idea, una experiencia más, no alguien sino algo.

¡No! Jesús es el hijo de Dios, y esto es verdad y esto ha pasado en la historia porque Jesús existió, un hombre como nosotros pero el Hijo de Dios. La promesa del Padre  a través de los profetas al pueblo  de Israel, el vivió, murió y resucito, y así ocurrió en la historia, y ahora sigue viviendo, por eso el discípulo como Pedro es capaz de decir Tu eres el Mesías, pero ojo no podemos conformarnos con decirlo desde la razón sino “porque el Padre nos lo revela por dentro”.

No podemos seguir diciendo lo que hemos aprendido de memoria o conformarnos con lo que ya sabemos, vamos a seguir relacionándonos con Él porque Él es lo mejor de la vida, porque lo más grande  de esta historia humana es que Dios se encarnó, se hizo hombre, fue Crucificado muerto y sepultado y al tercer día Resucito por puro amor nuestro. Y terminamos como empezamos con la pregunta: “¿Y vosotros quien decís que soy yo?”

Pedimos hoy por todos los cristianos para que sigamos viviendo como Jesús vivió y dando a conocer su reino y abriendo las puertas  de la fe para todo aquel que aún no lo conoce.

Oremos: Oh Dios, que unes los corazones de tus fieles en un mismo deseo, inspira a tu pueblo el amor a tus preceptos y la esperanza en tus promesas, para que, en medio de las vicisitudes del mundo, nuestros corazones estén firmes en la verdadera alegría. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

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