03 septiembre 2017

DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO


Este domingo nos habla de la radicalidad del seguimiento, vamos con El, pero detrás de Él, “ponte detrás de mí” le dice a Pedro y mira como vivo yo, desde la humildad y sencillez, desde la mansedumbre y el servicio, tú ponte detrás de mí.

En nuestra relación con el Señor, en nuestro ser cristiano, como nos gusta controlar, controlar nuestra vida, controlar a los demás, controlar al Señor, para que no nos pida más de la cuenta y no se pase con nosotros, y resulta que en este caso en el que hablamos del Señor, hablamos de Alguien que como dice Jeremías “ nos seduce”, el Señor es amor apasionado por nosotros y al amor no se le pide cuentas ni explicaciones, por lo tanto poco se puede controlar con Alguien que nos ama como nos ama El, mejor es ponernos tras El y saber que todo lo que vivimos lo vivimos con él y aunque no lo entendamos él va haciendo su historia con nosotros. 

El otro día tuve una experiencia bonita: hay una familia amiga nuestra con una niña preciosa que vinieron a vernos hubo un momento en el que  la niña cayó al suelo jugando, y llorando fue en brazos de su mamá.  Aquel día yo estaba un poco mal físicamente  y me decía: vaya oración que voy a hacer,  porque no tenía ganas de nada de pronto vino a mi mente y a mi corazón, la caída de esta niñita y su reacción, y entonces vino la luz: claro yo creo que mi relación contigo se da cuando estoy perfecta,  ¡pues qué pena!, porque tú eres el Señor mi Señor, mi maestro, mi padre y  mi hermano siempre,  esté yo como esté. Así como esta pequeña llorando y dolida fue a abrazarse a su madre, que en ese momento la sentía aún más cercana  y el dolor no la separaba de ella sino al contrario la acercaba más. 

No podemos basar nuestra relación con el Señor solo en que estemos bien y tranquilos porque relación hay siempre, bueno ahondemos mas hay una Alianza eterna de amor para siempre, somos de él, estemos como estemos.

Oremos: Dios todopoderoso, de quien procede todo bien, siembra en nuestros corazones el amor de tu nombre, para que, haciendo más religiosa nuestra vida, acrecientes el bien en nosotros y con solicitud amorosa lo conserves. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amen.

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