25 febrero 2018

DOMINGO II DE CUARESMA




La obediencia a Dios: “este es mi Hijo amado escuchadlo”, ¡Cómo se presta  lo religioso a visiones, fenómenos, cosas espectaculares!... y sólo creemos cuando experimentamos esto y además quién dice experimentarlo pide ser creído.

El Padre en este evangelio habla claro: “Este es mi Hijo, escucharlo...”, este que sufre en vosotros para proclamar la Buena Noticia, esté que sufre con el que sufre, esté que es pobre, que no tiene donde reclinar la cabeza, este que sufre en el enfermo y no tiene ya remedio en su enfermedad, éste es mi Hijo…

Pero nosotros creemos en El mirando los resultados. Hoy no mira si acierta o no sino que mira sólo la voluntad de Dios y actúa. Jesús se entrega en su camino a esa voluntad del Padre que será su muerte y Pablo nos dice entonces: ¿Quién nos condena el que no perdonó a su propio Hijo sino que lo entregó por nosotros? Este camino en obediencia del Hijo, del Padre tiene un fin concreto: Nosotros, la solidaridad con el ser humano. Entonces ¿qué hacemos que no vivimos inmersos en esta alianza de amor de Dios con nosotros?

Atentos, a la escucha y entregándonos al Padre en cada momento de nuestra vida: Lo que tú quieras Señor es lo mejor.

Pidamos hoy para que un día podamos vivir y amar sin medida al estilo de Jesús de Nazaret.

Oremos: Señor, Padre santo, tú que nos has mandado escuchar a tu Hijo, el predilecto, alimenta nuestro espíritu con tu palabra; así, con mirada limpia, contemplaremos gozosos la gloria de tu rostro. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.  Amen.

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