Domingo VIII del Tiempo Ordinario, 2 de marzo de 2025


Lecturas del día: Eclesiástico 27, 4-7; 1 Corintios 15, 54-58; Lucas 6, 39-45

    Esta Palabra del Evangelio, que como cada domingo no tiene otra intención por parte de Jesús el Señor, que la de enseñarnos a amar mejor nos dice que, para poder ayudar y enseñar a los demás no nos queda otra que mirarnos y confrontarnos a nosotros mismos en nuestras actitudes. Sin un espíritu de autenticidad y de verdad no se puede ser discípulo o discípula de Jesús.

    Lo que se nos da bien y rápidamente nos sale es el juzgar a la otra y mirar a las personas según nuestra propia percepción. Sin embargo, nuestra actitud debería de ser ponernos ante la otra abiertas y disponibles, acogiendo con libertad lo que me pueda traer de su vida, y dejando la viga que traigo en mi ojo y que no me deja ver más allá de mí. Solo así voy a poder acoger su vida.

    ¿De qué se trata entonces? De trabajarnos desde dentro, mirar nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y obras para saber de dónde vienen y que puedo hacer para cambiar aquello que no está en consonancia con el evangelio y que no me deja dar frutos buenos.

    Todo nuestro ser tiene que ser evangelizado y para eso hay que ponerse en el camino y dejarse encontrar por Aquel que te mira tal y como eres, porque su mirada está totalmente limpia y nadie te mira como El.

      Paz y bien.