31 agosto 2012

AÑO DE FE

AÑO DE FE

 En este año nuestro Papa Benedicto XVI nos ha hecho la invitación de reflexionar y profundizar nuestra fe, para darle Vida, fuerza y renovarla con la ayuda de la gracia.

Todo  “buen” edificio tiene cimientos que no se ven, pero están. Su trabajo es sostener  el edificio, su conjunto. Y cuando más profundos sean sus cimientos, mejor, porque hay menos posibilidades de que un día se venga abajo.

Así es nuestra   fe, es parte de nuestros cimientos cristianos junto con la Esperanza y el Amor.  La  fe  no se compra ni se vende, simplemente se ¡Vive!   
Es el termómetro que mide cómo vivo mi vida y lo que me pasa. No es lo mismo vivir la enfermedad, el paro, los problemas familiares, la muerte de un ser querido, etc. desde la fe, a vivirlo sin ella. Y esto no quiere decir que mi enfermedad se me va a curar o que ya no voy a tener dolor, no, yo seguiré con mis medicinas, seguiré buscando trabajo, mis problemas quizá no cambien mucho, pero la fe me dice que hay otra manera de vivir estas situaciones y afrontarlas sin perder la paz.

La fe es un don muy grande que Dios, en su infinito amor, nos ha querido dar, y para que se fortalezca y crezca, hay que invertir tiempo en ella; cultivarla y alimentarla  por medio de  la Oración y los Sacramentos, así se manifestará en mi vida y en mis obras. También a través de la Confianza en la Providencia divina, de la Esperanza que nos mantiene activos, trabajando por “Algo y por Alguien” mejor. Podemos correr el peligro de dar por “supuesta” nuestra fe, y no tenerla o haberla extraviado…

Es verdad que en los momentos duros y difíciles, cuando nos visita la prueba, es cuando nos damos cuenta si en verdad tenemos fe y cómo la tenemos. La fe no se toca, pero es ella la que acaricia tu vida y la trasforma dándole Luz a tus oscuridades, alegría a tus tristezas, fortaleza en la lucha, confianza en tus miedos y desconfianzas….

La fe también me lleva a preocuparme para ocuparme del que me necesita. Quizá no pueda solucionar sus problemas y necesidades, pero hay otra manera de ayudar: la oración por él o por ella, quererlos como son, escucharles, dejar que abran su corazón. Si abrimos los ojos, nos daremos cuenta, que durante el día, hay muchas ocasiones para vivir y compartir nuestra fe.  Porque cuando más se comparte más crece. Si, para que otros crean que Él es el Hijo de Dios.
Si las oportunidades no vienen, que lo dudo, hay que buscarlas, no podemos quedarnos parados, inmóviles, porque el agua que no corre se pudre…
La fe no es exclusivamente de los curas ni de las monjas, es de todos los bautizados, de todo cristiano. Todos tenemos la misma tarea, quiera Dios que nunca nos creamos que ya la hemos terminado.
La fe es un continuo movimiento entre Dios y nosotros, de nosotros a nuestros hermanos, para volver otra vez a Dios.

Dios siempre creerá más en nosotros que nosotros en El.

La fe te lleva a mirar más allá de lo que se ve, a esperar contra toda esperanza.

Sor Verónica Padrón Oviedo, o.s.c.

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