«aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar, porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».

11 marzo 2013

EXPERIENCIA VOCACIONAL



EXPERIENCIA VOCACIONAL DE UNA JOVEN FRANCESA

Queridos hermano/as, conocido/as o en por venir, os deseo mucha paz y mucho bien.
Habéis pasado el umbral del blog de las Clarisas en búsqueda de esta paz. El Señor me hizo la gracia de pasar el umbral del convento de Belalcázar para vivir unos felices e intensos días con las hermanas.

La gente suele preguntarse por lo que hay adentro, por cómo se vive adentro y por la utilidad de esta vida dentro de las paredes.
Resultó que hacía mucho tiempo que yo también tenía estas preguntas sin respuestas y que me apetecía experimentar la vida desde dentro. Como tengo esta inquietud como soléis decir en España por contestar a la llamada del Señor a entregarle mi vida, había ido en diferentes congregaciones pero de vida activa. Pero no lograba lanzarme porque me faltaba ver la vida contemplativa dentro de las paredes. Cada vez que iba en un monasterio, me interrogaban las sonrisas y la paz interior de los monjes o monjas: ¿qué será el secreto?

"Ven y verás"

No sabía bien lo que pensaba descubrir adentro y por eso me decidí en aceptar la propuesta de Hna Isabel con quien me había puesto de nuevo en contacto desde Francia. Ella me propuso lo que esperaba: pasar unos días para compartir su vida.

La paz no es visible ni sensible a primera vista: SE VIVE Y SE COMPARTE. Al pasar el umbral de la clausura, la paz ya estaba bien viva: "mi paz os dejo, mi paz os doy" nos dice Jesús. ¿No fue esta el saludo de Francisco, su bandera misionera que le llevó al encuentro del hermano? "Cuando entráis en una casa, saludad diciendo: La paz del Señor esté contigo".
Las Clarisas lo dicen por sus bocas que sonríen. Una sonrisa vale más que palabras porque te acoge totalmente. La alegría que viven y comparten entre sí es parte de su hábito. Pueden, como cualquier ser humano, luchar, dudar, sufrir, pero la alegría profunda que brota del corazón, muestra que el amor de su Esposo sobrepasa las rejas o barreras humanas que hoy podría describir como símbolo de varios límites. El primer límite de las rejas o paredes es medio para vivir el Evangelio y mirar  buscando  las cosas del Cielo, viviendo sus primicias regaladas cada día. Y el segundo límite sería más humano como símbolo de las barreras interiores y secretas que impiden inconscientemente abandonarse plenamente en los brazos del Amado.

Son peregrinas de la fe, peregrinas de la vida interior, peregrinas en el camino del Amor. Para los que piensan que orar consiste solamente en sentarse, quietos y sin moverse, olvidáis que es el medio justamente para viajar a un paisaje interior sin fin, sin límite, sin reja, sin pared. La vida contemplativa ofrece esta gracia de viajar a lo más hondo de nuestro ser para encontrar a quien está habitando en nuestro corazón, en donde Dios establece su morada.
Y cuando no oran en la capilla, siguen la oración trabajando para los demás. Cada una tiene su papel cada semana y cada papel es misión humilde y necesaria para dar cariño a las hermanas: un ramo de flor, la loza, la cocina, la lavandería, la huerta, … Cosas y detalles muy ordinarios, como madres discretas que cuidan del bienestar de sus hijos mediante el arreglo de la casa.
¿Qué será una hermana pobre sino una mujer que sabe que su única riqueza le viene de Dios, "creador de todo bien", creador de su propia vida? 800 años después, la paz, la alegría, la esperanza y el amor que llevan adentro y llevan a los demás repiten la frase de Clara: "Gracias Señor porque me has creado".
En mi propio camino con el Señor, invitada por medio de "piedrecitas" franciscanas que  he recogido desde que todo empezó de nuevo para mí, me faltaba algo para entender quién era Francisco: me faltaba encontrar a Clara. Hoy, no les puedo disociar porque adentro, las Damas Pobres viven una maternidad misteriosa y silenciosa que permite a los demás tener una vida fecunda y desplegar las alas del Evangelio.
En la película "Clara y Francisco", Clara pregunta a su prima cómo supo ella que había encontrado el amor y cómo sabía que era esto el amor, y ella le contestó: "cuando vi a mi hija hacer su primer paso: era el primer paso que la alejaría de mí". Como María, se despojan totalmente diciendo: "hágase tu voluntad".

Hoy, después de estos 10 días con las Clarisas, sigo interrogándome por la fuerza de la llamada que  ellas tuvieron y siguen estando invitadas a contestar cada día, en esta vida secreta que no hace ruido pero que irradia al mundo, sin ruido, gracias al amor que depositan para la humanidad en el corazón de su Esposo.
Tal vez nosotros pedimos demasiado signos visibles a Dios para que nos dé prueba de su presencia en este mundo que ciertos día nos da pena, mientras que ellas, en silencio, acogen este amor que no hace ruido, que no es visible pero que irradia el mundo tras pequeños actos cotidianos, tan humildes y presentes que ya no nos damos cuenta que hacen parte de nuestra vida. Tal vez están llamadas en esta vida humilde para recordarnos que el amor se hace vivo y presente en las cosas sencillas del día a día, rodeados por nuestros hijos, padres, esposos, amigos, vecinos, colegas de trabajo, desconocidos de la calle, para decirnos que el amor no se manifiesta en cosas grandes y pomposas sino en los ademanes naturales que hacemos poniendo todo nuestro cariño.
Y es posible también que las rejas y paredes de los conventos nos chocan porque mirando los suyos, olvidamos mirar nuestras construcciones humanas, físicas e interiores, que nos separan de Dios que nos espera para que acojamos su amor entero.

Sí, dentro de estas paredes he encontrado la paz y el verdadero amor fraterno, y la posibilidad que tenemos, estemos donde estemos en el mundo, de construir un mundo sin barreras que nos lleva al encuentro del hermano, ser único, de establecer juntos verdaderas relaciones humanas basándonos en nuestra única y común riqueza: el amor que Dios nos ha dado en herencia para que lo cultivemos, juntos, y comamos sus frutos, juntos.

                                                                                                                                   Marie Catherine

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